sábado, 14 de febrero de 2009

Ideas sobre la Crisis del Amor Contemporáneo

Este material es el producto inacabado, de un proyecto de investigación iniciado hace un par de años que tiene como eje una reflexión sobre la crisis contemporánea del amor.

Intentamos pensar sobre el tema con el estado actual de conocimientos y operatividad conceptual que disponemos, tratando de evitar que la falta de conocimientos funcione como obstáculo para el pensamiento.
Pedimos disculpas por adelantado si alguno de los tópicos presentados resultan elementales o erróneos para el estado del arte actual del conocimiento y esperamos que esta presentación pueda servir para enriquecer nuestra perspectiva a través de los retornos que en nuestra comunidad este material produzca.

Porque crisis en el amor?

Quizás no tengamos una explicación unívoca ni muy académica sobre el tema, sino una pregunta (casi intuitiva) respecto de una alteración de los modos de relación entre semejantes en nuestra sociedad. Suponemos que existe una correlación entre los profundas cambios económicos, culturales y políticos que están aconteciendo y este asunto.
Dado que para el psicoanálisis la condición de su eficacia radica en la instalación de un modo particular de relación al semejante, reflexionar sobre las posibles transformaciones en el lazo social de nuestra época puede resultar fundamental para ubicar nuestra práctica en el contexto de su época. Quizás en rigor, tampoco sea una crisis (en el sentido de un paso tajante de una cosa a otra) sino un viraje, una tendencia que ni siquiera sabemos si devendrá estable. Sea lo que sea, esta investigación es un intento de pensar una alteración contemporánea en los modos de relación al semejante, e implica también pensar en eso que se produce en esa relación: sujeto.

Existencia

La existencia humana puede ser entendida como el efecto de una operación sobre el viviente, y la subjetividad como aquello que resulta de los efectos de esa operación.
Si bien la humanización es una operación universal (que produce lo que llamamos seres hablantes) la subjetividad que se instituye es particular a cada época. Proponemos entonces que la operación de humanización es una puesta en relación del viviente con la cultura de su época, que implica la introducción del mismo en un juego de operaciones “donadoras” de existencia.

Se puede pensar que la particular condición de insuficiencia y desvalimiento del viviente humano lo hace apto a entrar en ese juego que le dará existencia. En este sentido resulta fundamental concebir la relación al semejante como una operación indispensable para la constitución de la subjetividad entendiendo a esta como el modo de existencia posible del viviente en el mundo humano. Estas operaciones se realizan a través de prácticas de cuidado e implicación en el orden significante.
Aunque siempre supusimos que los efectos de esta operación “humanizante” resultan determinantes en la infancia, Giorgio Agamben en “Lo que queda de Auschwitz” nos enseña que en determinados contextos, el humano puede devenir mero viviente, con lo cual demuestra a nuestro entender, que la operación de “humanización” pueda no remitirse específicamente a la infancia, ni que sea algo dado de una vez y para siempre.
En este sentido la subjetividad tendría un carácter más contingente que determinado y no es posible de concebirla por fuera de las determinaciones del contexto. Es fundamental pensar de que modo se interrelacionan los tres registros teorizados por Lacan para dar cuenta de la subjetividad (simbólico, imaginario y real) en el contexto de cada época. En este sentido la noción de contexto que utilizamos es aquello que funciona como real en una relación de afectación sobre lo que llamamos el registro simbólico.

En este sentido para nosotros inconsciente, transferencia, son términos de época, que solo pueden ser pensados en un contexto particular (occidental, científico, ¿estatal?).
En esta línea trataremos de indagar algunas pistas que nos permitan precisar la incidencia del contexto de esta época en la noción de amor.

Malestar y civilización

Concebimos que existe una insuficiencia en las operaciones dadoras de existencia humana al viviente, que el psicoanálisis denomina malestar. Sabemos que la insuficiencia existencial es inherente a la entrada del viviente en el orden significante.
Toda civilización implica un modo de tratamiento de esta insuficiencia en tanto productora de malestar. La muerte y la sexualidad son las ofertas reales privilegiadas donde se pone en juego el simbólico para operar sobre esta insuficiencia, toda cultura consecuentemente, dispone de un aparato de conceptualización y tratamiento de estas fuentes de inconsistencia.

Hipótesis de trabajo

Suponemos que si realmente estamos siendo testigos de una alteración significativa del horizonte cultural de nuestra época, es pensable una variación en la subjetividad y en las modalidades de tratamiento de la insuficiencia existencial propia de la incidencia del orden significante en el viviente.
Suponemos que un fenómeno que da cuenta de esta variación epocal es la precarización de las relaciones al semejante, que es posible rastrear en la noción de amor contemporánea.
Intentaremos un análisis comparativo de algunas variables que nos permitan caracterizar las tendencias operadas en la transformación de las modalidades de relación al semejante y en el tratamiento de la insuficiencia existencial que el orden significante determina en el viviente, en esta época.

De la media naranja al consolador.

Entendemos la crisis del amor contemporánea como el síntoma del pasaje de un horizonte de constitución de lo social en el que se privilegia la relación al semejante a un horizonte que privilegia al individuo. Creemos que las condiciones que posibilitaron este pasaje se enmarcan en la declinación de los estados nacionales a un nuevo modo de regulación de lo social a través del mercado. Nuestra época es una transición donde conviven, por decirlo de alguna manera, las dos lógicas.
Desde el psicoanálisis lacaniano concebimos el modo de constitución subjetiva a través de dos vías privilegiadas, por un lado la vía significante, donde la existencia queda determinada por los avatares del juego del lenguaje y por otro el circuito pulsional, donde la existencia queda de alguna manera producida en la satisfacción de la repetición del circuito en si misma.
Comparativamente podemos concebir que si bien ambas son vía de consistencia existencial (operaciones donadoras de existencia), la vía significante tiene un fuerte anclaje al semejante, en tanto la vía pulsional no tiende al lazo.
Lo que previamente denominamos como horizonte de producción subjetiva estatal, en tanto régimen fundamentado entre otras cosas en nociones como contrato social y en el montaje de dispositivos de disciplinamiento e inclusión social, opera en la determinación y codificación de la relación entre semejantes, relación que considera núcleo vital de lo social.

Hemos entendido el viraje del amor en los siglos XII a XIV, como la evidencia de que una determinación de contexto, puede afectar el lazo social. La institución del matrimonio basado en el mutuo consentimiento (y quizás también la incipiente, pero en crecimiento exponencial, literatura) parecen haber afectado en tal punto el horizonte discursivo de aquella época que hasta se verifica la creación de un género literario nuevo: el amor cortés. La metáfora de la media naranja viene en esta época a ser el fundamento de la concepción del lazo amoroso.

Pensamos el amor como una suerte de nudo (una maniobra, una operación) entre esa doble vertiente de la falta que son el deseo (determinado por la existencia en la vía significante) y el goce (que se produce como el efecto de ese resto del cuerpo que no fue “nadificado” por el significante y que funciona en su gramática). Ambas vías se constituyen en la relación al semejante y se reproducen por la relación al semejante y el universo de lenguaje en el que cada viviente existe.

Dado que nuestra hipótesis supone que la forma de concebir la relación al semejante está determinada por el modo en el cual la época constituye y organiza los vínculos en una sociedad, proponemos que el mercado opera de otra manera en la producción de deseo y goce.
Se nos ocurre que es como si las relaciones producidas por el marco de determinación existencial de la época, en transformación de un régimen de estado a uno de mercado, operara de modo tal que hubiera elevado a una forma relacional predominante, la consabida estrategia de defenderse del deseo con el goce.
Entendemos esta maniobra como el efecto de una afectación del lazo al semejante por la alteración de los modos de realización existencial de la época.

A modo de incipiente intento de pensamiento, se nos ocurre que la panoplia de dispositivos tecnológicos e instrumentos de producción de estímulos y deseos del régimen de mercado, operan sobre el viviente produciendo efectos existenciales por la vía del, por decirlo de alguna manera, masajeo tecnológicamente determinado de los agujeros pulsionales del cuerpo. Esta maniobra en la escala actual, pareciera estar incidiendo en la medida de su crecimiento exponencial, en los modos de realización del semejante. A través de prácticas de consumo, de autonomía, de hedonismo, de estimulación, se consolida una modalidad existencial que privilegia las vías del goce a las de la significación. Por otro lado nos parece escuchar cada vez más en nuestros consultorios ese modo de la degradación del semejante como mero objeto desubjetivizado, quizás al modo de fetiche, quizás un objeto de mercado. Es por ello que el consolador podría ser la metáfora del amor en esta época.

De esta manera creemos que el mercado parece haber encontrado una fórmula (aparentemente) más exitosa para darle consistencia a la existencia humana. La relación del sujeto con el mundo de objetos de consumo (aletósfera) da un tipo de consistencia existencial, que pareciera velar las dificultades que plantea el amor producido en un régimen que promueve la relación al semejante, con todos los avatares de la inexistencia de relación sexual (en tanto nombre de la insuficiencia existencial, articulada a la relación al semejante).

En relación a los modos del malestar en la civilización en un contexto estatal, quizás la demanda (entendida como ese efecto de relación al otro como el que tiene lo que me falta) haya sido una forma de tratamiento privilegiada por determinaciones epocales, dado que el malestar se presenta en la sociedad estatal articulado a la creación y mantenimiento de dispositivos específicos para alojar demandas. En este contexto, vemos como las formas del malestar tienden a resolverse en relación al semejante en el campo social.

En una sociedad de mercado parecería que el exacerbamiento del individuo en tanto autoproductor de su propia existencia (en redes de estímulo y consumo mercantiles) devalúan el modo “relacional” estatal previo. Las formas de malestar actual parecen atacar las relaciones al semejante y desde esta perspectiva quizás puedan volver a pensarse algunos fenómenos que se presentan en el campo de la clínica y en el campo de la cultura. Quizás sea Michel Houellebecq quien mejor articule esta nueva forma de amor de la época, en el género de amor de mercado que parecería haber inaugurado Breat Easton Ellis con American Psycho.

El entre dos del dispositivo psicoanalítico, implica la puesta en juego de nociones como deseo, falta, castración, ética, cuya dimensión en el régimen de mercado quizás resulten de alguna manera "reprimidas" en tanto que el mercado ya no privilegia la relación al semejante y el potencial campo de efectos que esto produce, imponiendo de manera eficaz una modalidad donadora de existencia a través del consumo.

CONCLUSIONES

En psicoanálisis concebimos al amor como uno de los modos de dar respuesta, a través del vínculo al semejante, a la insuficiencia existencial propia de la inserción del viviente en el orden significante. Aunque sabemos que como cualquier respuesta que da cierta posibilidad de maniobra respecto de la sexualidad y la muerte, nunca es absolutamente lograda.

Creemos que el mercado ha consolidado un campo que de manera novedosa en la historia de la humanidad traslada el tratamiento de la insuficiencia existencial de la apelación al semejante, al consumo de objetos, privilegiando una vía "gozosa" de existencia en detrimento de la vía significante.

En la medida que el estatuto del semejante se ha transformado en el régimen de mercado, esta variación pone en crisis la noción de amor tradicional.
Observamos una degradación del valor del semejante, que en tanto sagrado para un mundo de derechos humanos y leyes contractuales, a devenido un mero consumidor y su envés objeto de consumo o simple y puro desecho. La existencia contractual, como modelo del régimen estatal, tiende a ser reemplazada por una existencia consumidora. La maniobra consumista vela de manera eficiente la insuficiencia existencial, en la medida que el deseo queda rebajado en un juego imaginario de inducción de demanda infinita y producción y oferta de objetos a consumir, lógica que de alguna manera afecta el campo de relaciones con el semejante.

Cabe destacar que el psicoanálisis se funda hoy en una concepción que va a contra pelo de la época, en tanto produce un vínculo al semejante que opera en contra de la auto realización masturbatoria individual.

¿Se impondrá en esta época la lógica del amor de mercado tal como lo hizo en su momento la del amor cortés? ¿estaremos leyendo una nueva versión del amor?

Lic. Martín Krymkiewicz. Ex residente Hospital de Emergencias Psiquiátricas Torcuato de Alvear. Psicoanalista. mekd70@yahoo.com.ar

Lic. Mariana Stavile. Psicoanalista. mstavile@yahoo.com.ar


Bibliografía

Michel Houellebec, "Las partículas elementales". Anagrama
Michel Houellebec, "El mundo como supermercado". Anagrama
Gilles Delleuze, "Posdata a la sociedad de control".
Antonio Negri & Michael Hardt, "Imperio".
Giorgio Agamben, "Lo que queda de Auschwitz". Ed. Pre textos.
Jacques Lacan, Seminario 8.
Jacques Lacan, búsqueda del término “amor” en todos los seminarios.